La forma en que morimos dice más de nosotros que la forma en que nacemos, aunque no tengamos mucho control sobre ninguna de esos dos eventos en nuestras vidas. Un alto ejecutivo muere de cancer o de un infarto, un criminal muere con una navaja clavada en la espalda, una persona generosa muere rodeada de amigos y familiares, un mezquino muere solo y amargado.
De la misma forma, nuestra manera de despedirnos dice más sobre nosotros, y lo que pensamos sobre la persona de la que nos estamos despidiendo, que nuestra forma de saludar. Cuando nos tomamos el trabajo de estrecharle la mano, de desearle un buen viaje a casa, cuando incluso hacemos una referencia a alguna conversación que tuvimos y la integramos a la despedida "ojalá se mejore tu hija de esa gripa que me contabas", y cuando nos aseguramos de programar nuestro próximo encuentro, estamos dando señales claras de que esa persona nos importa. En cambio, cuando somos ambiguos y genéricos "suerte, nos estamos viendo" es una señal también clara de que estamos utilizando muletillas verbales para salir del paso, y que esa persona no importa tanto.
Si aplicamos estas realidades a las conversaciones que sostienen las marcas hoy en día con sus clientes o consumidores, nos quedan una gran mayoría de marcas que solamente saludan y nunca se despiden. Son como ese amigo que se escapa sin despedirse de nadie para que los demás piensen que estuvo en la fiesta hasta mucho más tarde de lo que realmente aguantó. O como esa tía conversadora que uno se encuentra en el supermercado, que chismosea y chismosea y chismosea sin caer en cuenta que uno no tiene todo el día para escucharla.
Un "estrategia 360" precisamente se trata de rodear los 360 grados de percepción de un cliente con mensajes, en todos los posibles medios con los que pueda encontrarse. ¿No es esto algo un poco ridículo? ¿Qué pensaríamos si esa tía chismosa nos siguiera del supermercado a la entrada de nuestra casa, y luego se parara frente al TV, y luego nos enviara un email, y luego un SMS, y luego se colgara de una valla porque así la vemos desde nuestra ventana? Por más que la tía aproveche creativamente las oportunidades que le brinda cada medio, ¿no acabaríamos matándola a pedradas?
Por más que se esfuercen por entender a sus consumidores, las marcas siguen siendo ególatras. Solamente les interesamos por el posible beneficio que podemos generarles, sea en un futuro cercano o lejano. Y una vez determinan que les interesamos, se dedican a saludarnos y saludarnos y saludarnos con noticias de ellos mismos y diferentes formas de comprar sus productos.
¿No sería refrescante una marca que hiciera lo contrario? ¿Una marca que entendiera su sitio en este mundo, y lograra transmitir humildad?
Qué bonito sería una marca que comprara 1 minuto de tiempo comercial en TV, pero solo usara 10 segundos para decirnos que ellos decidieron darnos el gusto de restarle 50 segundos al break comercial.
Qué gusto nos daría si un político comprara todas las vallas de la ciudad, pero utilizara solamente UNA para contarnos que decidió devolvernos ese espacio y restarnos contaminación visual.
Cuánto apreciaríamos si una de las marcas que nos inunda con cuñas radiales, decidiera comprarlas todas y utilizar solamente 15 segundos para hacernos notar que gracias a ellos podemos escuchar 6 canciones más al día.
En un mundo donde somos asediados por miles de mensajes comerciales cada día, ¿será que para una marca despedirse de nosotros, puede ser una forma de ganarse nuestro corazón?
¿Habrá futuro para una marca desinteresada?
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